viernes, 15 de abril de 2011

La hambruna que se nos viene encima (como detonador).



Era el cuarto año de la hambruna; en ese agosto de 1994 el calor derritió el asfalto de las calles, y el miedo en las gentes.

Desde mediados de los 80's el gobierno sabía que el armatroste ruso se iba a bolina sin remedio; pero -como siempre- a los mayimbes les importó un bledo la miseria que se avecinaba, y se atrincheraron en sus lujosas, refrigeradas y bien provistas mansiones.

En el verano de 1990 (en agosto también: mes nacional de la fatalidad) la crisis salió de los almacenes vacíos, e invadió las calles.

No había gasolina ni para ambulancias, en un estado policial los esbirros tuvieron que parquear sus patrullas y celdas rodantes, y jamarse tremendo pedal; las lanchas torpederas guardacostas no tenían el diesel necesario para perseguir y atrapar a quienes escapaban del infierno comunista. Ya los apagones eran la norma, y las pocas veces que ponían la electricidad las llamábamos "alumbrones"; que como daño colateral, nos quemaron los refrigeradores y desguabinaron desde TV's rusos, hasta batidoras de la RDA.

Se desató una epidemia que dejó ciegos a miles, se les caían los dientes y padecían calambres contínuos; en las primeras etapas caminaban encorvados, después terminaban ciegos e inválidos en sus covachas. Los médicos la llamaron neuropatía; pero a los corrillos de las esquinas llegó un nombre extraño e inquietante: Beri-Beri.

Entonces el Ineficiente en Jefe declaró el "Período Especial" (en Cuba todo es especial), un insultante eufemismo para evitar pronunciar la molesta palabra miseria.

La miseria fue total, material y moral.

Faltaba todo.

No había comida, agua corriente, ropa zapatos, electricidad, bombillos, combustible, transporte, lápices ni cuadernos; y la basura se acumulaba en las aceras.

La "moral socialista" murió en los estómagos vacíos y a ritmo de caderas en venta.

Los "hombres (y mujeres) nuevos" engavetaron sus credenciales de la Juventud y el Partido Comunista, y empezaron a buscarse el pan a como diera lugar; y de nada valieron los llamados -desde las tribunas- a "perseverar".

Cuando la gente descubrió que las medallas y diplomas no se comen, empezó el "Relajo Especial".

Las otrora inaccesibles e ideológicamente correctas niñatas de la sociedad del futuro, vendían sus enflaquecidos culitos por un par de zapatillas, o un buen almuerzo. Los muchachones se iniciaron en el antiguo arte de la bugarronería; y los maricones y tortilleras -artistas y funcionarios- que estaban autorizados a viajar al extranjero, "hicieron su agosto" en la abundancia de carne joven y barata.


Era tanta el hambre, que la gente se comió su miedo; y empezó a decir lo que pensaban de la mafia verdeolivo, de los vivebienes eternos exhibiendo dobles y triples papadas a su público de faquires cautivos.

Los militares también estaban descontentos, y aún con la resaca de las invasiones en África. Fusilar a Ochoa y destimbalar el MININT a los Castro les ganó tiempo, pero no detuvo el deterioro de la lealtad de sus perros.

Endurecer las sanciones penales, solo provocó que quien antes solo robaba, ahora mataba para no dejar testigos; pero lo aterrador -para los mandamases- era que la gente empezó a desafiar la policía, a vandalizar comercios y a secuestrar embarcaciones.

Cuando el miedo dejó los barrios, se mudó a Palacio.

El Atorrante en Jefe -conocedor de la historia de su puta madre patria, la URSS- sabía que para disipar la hambruna de las estepas del Volga, o de los barrios del Almendares, nada mejor que una Nueva Política Económica (NEP), y cuando volviese el estado de subsistencia habitual, apretar la tuerca con un estalinismo platanero; la receta incluyó más represión y más propaganda.

El gobierno -que antes solo se vendía a Moscú- ahora era una loca libertina meneando su culón  verde-olivo al mejor postor.

El temido y "contaminante" turismo occidental invadió la isla, hoteles se construían por doquier; una fiesta de gozaderas y moneda dura... pero -por decreto- no para el "Juan con Todo (jodido)" guillenesco.
La lealtad de los gorilas generales se recuperó en "Gaviota", una cadena comercial enfocada en el turismo y repartida entre los bolsillos de las guerreras.

Al pueblo se le prohibió hablar con los turistas, y entrar en los hoteles. Los cubiches reaccionaron colándose con trucos en esos paraísos prohibidos para templarse y dejarse templar a y por cuanta gente viniera "de afuera". Los menos decididos "buceaban" en los tanques de basura de hoteles y villas "solo para extranjeros": A la miseria se sumó la deshonra del apartheid.

El dólar americano empezó a correr como Pedro por su casa, y aunque miles fueron a prisión por "tenencia de divisas", la savia verde enloqueció al mustio caimán, y el Vociferante en Jefe legalizó la antes odiada (en los bolsillos liborianos) moneda yankee.

Palacio también autorizó -a regañadientes- mercados campesinos y una especie de bazares apodados "Candongas", donde vendían comida, gangarrias, frutas, velas... Bajo la magia de los candongueros, los gatos del barrio se transmutaron en conejos, las frazadas de trapear en beef steaks, y las auras en pavos.

El esperado y nunca logrado paraíso comunista se transformó en una desvergonzada venduta de malamuerte. Todo tenía un precio: Una buena mamada eran 5 "fulas"; templada profesional entre 10 y 20; lo que quieras, como quieras y cuantas quieras era de 50 en adelante. El olvidado arte del Cuadro de Tortilla, salió de las tertulias y peñas, y se instaló en los barrios. En los parques las muchachitas de Secundaria y Pre se besaban para colectar el dólar que untuosos turistas canadienses ofrecían por el espectáculo... y eso solo era el preámbulo de la esperada (y deseada) proposición descarnada de sexo por dólares.

A la fiesta de la carne llegaron los pedófilos, drogadictos, hippies envejecidos, rusos mafiosos... y cuanto aberrado se enteró que se había inaugurado una Bangkok en la cuenca del Caribe.

Mientras, un dólar se cambiaba por 120 pesos cubanos. En aquel entonces el salario promedio (según las torcidas estadísticas oficiales) rondaba los 150 pesos mensuales. Y la mayoría no tenía acceso a los "fulas".

El 5 de Agosto de 1994, miles se lanzaron a protestar en el Malecón de La Habana; pocos días después Castro emitió la instrucción # 18 que abrió las costas a los inconformes, y unos 40 000 cubanos se montaron en cuanta cosa flotara para escapar de la isla-prisión.

Justicia divina:

Pero no todo era malo en esa, la época más feroz del "Período Especial".

En la Cuba de hoy, el racismo no tiene que envidiarle al de Mississipi en los años 50's. La realidad está a años-luz de las páginas del Granma: En Cuba el racismo es galopante en todas las castas sociales.

Racismo y machismo, con la mujer negra como víctima propicia. Las negras, antes del "Período Especial" estaban en la sentina de ese pecio que llamamos nación.

Pero el P.E. transformó a las "negritas coquimbas" en deseadas y prósperas "jineteras".

 Las muchachitas arrabaleras, chancleteras de cuartería y solar, desdeñadas en los trabajos y escuelas, en las fiestas y en los parques por machos variopintos siempre en busca de blancas "masa-'e-coco"; repentinamente eran la golosina codiciada por los turistas europeos y canadienses.

Las negras, de la chancleta saltaron al turistaxi con aire acondicionado, del hambre enloquecedora, a engordar culos no menos enloquecedores, de deambular en la favela a vacacionar en Milán (o Milano, que ya Fuló habla italiano)... Hasta las blanquitas-bien de las universidades trataron de hacerles la competencia, pero qué va: La tinta prieta se impuso sobre la masa blanca del coco, y el plato principal del Lupanar Kuba es calamar en su tinta. Justicia divina.

Otra consecuencia inesperada -y no menos justiciera- del P.E. fue que los chivatientes pasaron más hambre que un ratón en una ferretería; a esos tipejos nadie les vendía un chícharo, solo tenían inservibles pesitos cubiches, y muchos -para su desgracia- se habían peleado a muerte con sus amigos y familiares "gusanos" que escaparon al extranjero. A los delatores la miseria de esos años los golpeó más duro que a nadie.

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Entonces llegó Chavez al poder, y de la NEP se volvió al neo-estalinismo.

Y aquí viene mi análisis de café-con-leche

Es evidente que la teta chavista nunca va a dar tanta leche como la rusa, aunque el Macaco Bolivariano esté dispuesto a dejar que Cuba la Vampiresa deje seca a Venezuela -como lo hizo antes con la difunta URSS.

Desde el 2006, y luego de la cagástrofe del Estafador en Jefe, los celos raulistas han enfriado el entusiasmo cerril del mecenas venezolano; amén de que la "república bolivariana" está en caída libre -gracias a la corrupción interna, la violencia, el "Socialismo del Siglo XXI" y su dadivosa ALBA.

Y Chávez, con su popularidad en picada,  tiene que ir a elecciones el próximo año.
¿Qué shuchederá en Cuba shi Chavez she chiva?... Algo como esto estará rumiando Raúl, de ahí la aspirina de los "Lineamientos" con que pretende aliviar el cáncer terminal del castrismo, y ganar tiempo para morirse aferrado al clavo caliente en que se ha convertido el poder en la isla.

La realidad es que el Socialismo es irreformable, y que las aspirinas no alivian un cáncer en metástasis.

Se avecina una crisis terminal inevitable.

Lo primero será una hambruna como la de inicios de los 90's... y después, quizás la técnica habitual de crear una crisis para abortar otra mayor, (como azuzar al rebaño en un éxodo); lo que tras 53 años de desastre, puede provocar el efecto contrario; y en vez de aliviar tensiones, hagan colapsar la tiranía y hundir la nación en la anarquía; porque hoy son millones los cubanos que desean desesperadamente huír de la isla; y es imposible que puedan salir todos, o que los EE.UU. los reciba.

Así a la frustación de la miseria, se unirá la de la imposibilidad de escapar de ella; y esta es una combinación explosiva... en un escenario de -cual Matrioshka- otro Período Especial, dentro de este Período especial que ya cargamos por 21 años... creo que sería demasiado, aún para los pacientes, temerosos y sado-masoquistas  carneros del cayo patrio.

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